Obra teatral sobre niños soldados

Ciudad de México.-En el mundo existen unos 300 mil niños y niñas soldados, de acuerdo con cifras del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), pues participan en más de 30 conflictos en el mundo.

“Niños y niñas que se ven abocados a vivir la guerra de verdad, convirtiéndose en combatientes involuntarios. Muchos de estos niños están directamente en la línea de combate y otros son obligados a ejercer como cocineros, mensajeros, esclavas sexuales, para realizar ataques suicidas…”, de acuerdo con la página en Internet dedicada al tema.

Al respecto, la obra de teatro El ruido de los huesos que crujen, de la dramaturga canadiense Suzanne Lebeau, habla de dos niños soldado: Elikia y Joseph, y al hacerlo alude a todos los pequeños en esa circunstancia.

Elikia tiene 13 años, ha pasado tres de ellos con los rebeldes, sometida a las humillaciones más terribles. Fue secuestrada a los 10 años, obligada a ver cómo sus captores asesinaron a su hermano y a su padre y violaron a su madre.

Joseph es un niño de apenas ocho años, quizá siete, el más pequeño que ha llegado al campamento donde vive Elikia, quien se convierte en su protectora. Ambos huyen sabiendo que el castigo será tremendo si los atrapan, aunado al miedo terrible que siente ella de regresar a la civilización.

Escapan a través de la selva, de un país que no se identifica, pero que podría ser cualquiera; sobreviven comiendo arena, y el miedo, siempre el miedo, a cualquier ruido que pueda significar que los rebeldes, o los soldados, están cerca.

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