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“¡Oigan señores el tren…!”

Ferrocarril Transístmico

“¡Oigan señores el tren…!”

De pronto como que a uno le dan ganas de treparse al tren e irse por ahí, quién sabe a dónde y por qué, pero irse y dejar atrás el lastre para comenzar caminos nuevos y rutas insospechadas mientras se escucha el ruido metálico y melodioso del tren que avanza para encontrarse con nosotros en la siguiente terminal y en la siguiente terminal y en la siguiente terminal: es la vida, sin fin…

Pero como Dios no cumple antojos ni endereza jorobados, habremos de quedarnos para ver pasar y oír al tren, aunque sea en recuerdos, como en aquel son jalisciense, porque en México desde el 4 de junio de 2001, cuando se publicó en el Diario Oficial de la Federación el fin del organismo público descentralizado Ferrocarriles Nacionales de México, nos quedamos sin trenes y sin el anuncio aquel de “¡Vaaaamonos!” que nos dejaba sin resuello.

Pero mientras son peras o son perones, hay buenas noticias para todos los mexicanos y mexicanas, perros y perritas. Especialmente para los del sur-sureste.  

¿Se acuerdan de aquella vieja idea de hacer un corredor transistmico –o transoceánico como se llamó en el siglo XIX al cruce de océano a océano desde el Istmo de Tehuantepec, en Oaxaca, y hacia Coatzacoalcos, Veracruz—y que a lo largo de nuestra  historia ha sido objeto de ambiciones intervencionistas, militares, comerciales, y el sueño de muchos por hacerse de un paso milagroso para facilitar y agilizar el traslado de hombres y cosas de un mar a otro mar? Pues parece que esta vez va en serio…

Resulta que desde hace años el ahora virtual presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, mantiene la idea de reconstruir un corredor transistmico desde Salinas Cruz en Oaxaca y hasta Coatzacoalcos, Veracruz: esto es algo así como 320 kilómetros de distancia entre puerto y puerto, la parte más delgada de nuestra orografía, y la más ambicionada por muchos.

En dos de sus libros, en los apartados de desarrollo y comunicación, hace esta propuesta: Un tren de alto calado, que transporte contenedores de puerto a puerto y que facilite traslados de productos desde Asia con dirección a la costa Este de Estados Unidos y Canadá y hacia Europa…

Para el 19 de julio de 2016, AMLO retomó el asunto durante un viaje que hizo al Canal de Panamá. Por entonces dijo que de ganar en 2018 tenía como proyecto “rehabilitar los puertos de Salina Cruz y Coatzacoalcos y rehabilitar y modernizar la línea férrea que está abandonada, para crear una zona franca y generar empleos”.

El 2 de julio de este año, y ya triunfante, afirmó que quiere “formar un fondo mixto de inversión pública y privada para detonar este proyecto de infraestructura; esto es: un corredor para la comercialización de productos y hacer una vía férrea para el traslado de contenedores de carga con un tren de carga”.

Según estos planes, la obra Transistmica beneficiaría a zonas marginadas del sur-sureste de México; se desarrollarán por lo menos dos parques industriales, tentativamente en Ixtepec o Matías Romero en Oaxaca y, probablemente en Acayucan o Sayula, Veracruz.

Naturalmente, a lo largo del corredor se crearán centros de desarrollo urbano para facilitar la accesibilidad de trabajadores y beneficiarios de esta ruta renovada: polos de vida familiar; salud, educación, comercio, arte y solaz.  

Bien. Si esto es así, y se cumple, a lo largo de este corredor habrá ese desarrollo social y económico tan necesario la zona; se crearán nuevas alternativas de inversión y productividad mercantil; comercio, trabajo, empleo, productividad para el consumo y los servicios que toda comunidad humana requiere para vivir en paz y con bienestar individual, familiar y colectivo.

Este tema que se trató en la mesa de diálogos y análisis de Encuentro Radio el sábado 28 de julio, generó una aprobación prácticamente unánime de los participantes y la congratulación de quienes conocen la problemática local del Istmo de Tehuantepec, su actual circunstancia difícil y las carencias acumuladas de un tiempo a esta parte. Queda claro que la franja Transistmica es al mismo tiempo una detonante de desarrollo como solución.

Y pues, eso… Ahí está de nuevo el tren, el tren de gran calado que mirará a lo lejos, que llevará sorpresas como el navío cargado de… Y que recuperará el tiempo perdido en un proyecto que lo mismo fue una maldición en 1859, como una realidad en 1907, luego perdida. Pero ya está, ahí, de nuevo y esta vez quizá sea realidad firme… si… ojalá… todo indica que…

“¡Oigan señores el tren… oigan al tren caminar…!”

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