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Ojos que no ven…

La pobreza, como la tos, como la gripa, como el dolor de panza… o como las crudas-realidades, no se pueden ocultar. Se ven a leguas. Está ahí, a ojos vista, sin enganche y sin fiador. Pero así como todo eso, también es muy dolorosa…

… Porque es el fracaso de los hombres y mujeres dispuestos al trabajo; es el fracaso de su gobierno y de sus sistemas económicos; es la corrupción de muchos y la mirada superaquilina del poderoso, la negación del desarrollo y el ‘no’ a la felicidad social e individual. Todo eso.

Esto viene al caso porque ya se vuelve un lugar común recordar que Oaxaca es uno de los estados más pobres de la República Mexicana, esto es:

Según el Informe Anual sobre la Pobreza y Rezago Social de Oaxaca, de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) en 2017 esta entidad fue el primer estado con mayor pobreza a nivel nacional: “De una población de 3 millones 967 mil 889 habitantes, el 66.75 por ciento se encuentran en situación de pobreza y el 28.33 por ciento en situación de pobreza extrema.

Mientras, el Consejo Nacional de Evaluación (Coneval) dice que aquí hay carencias en el acceso a los servicios de Salud en un 15.9 por ciento de la población, en tanto que no tienen acceso a la seguridad social el 77.9 por ciento de los oaxaqueños. Y más: el mismo Coneval dice que desde 2015 de los 15 municipios con mayores porcentajes de población en pobreza extrema, nueve están en Oaxaca.

[Para medir la pobreza se cuenta con índices: Rezago educativo promedio en el hogar; Acceso a los servicios de salud; Acceso a la seguridad social; Calidad y espacios de la vivienda; Accesos a los servicios básicos en la vivienda; Acceso a la alimentación. Si no se cuenta con al menos dos de estas categorías se viven en pobreza. La pobreza extrema se mide si se tienen tres o más carencias sociales]

Desdicha y quebranto, decía don Quijote. Pero ya se sabe, ‘al perro flaco todo es pulgas’ y resulta que según informe del INEGI, durante el periodo de abril a junio de 2017 en Oaxaca se perdieron 16,861 empleos y que tan sólo en la actividad agropecuaria se perdió 3.1 por ciento de trabajadores, que es decir, más de 16 mil personas dejaron la agricultura, ganadería, silvicultura, caza y pesca.

¿Y qué significa esto? Pues nada, que de los 570 municipios de la entidad, el 65 por ciento de su población, en su mayoría indígena, emigran (Se estima que al año migran 150 mil oaxaqueños); y esta migración, desde años tiende a ser definitiva. Los oaxaqueños se van y no regresan, o sí: al final del camino, porque ya se sabe que hay una pasión por el nido irremediable, lo que hace que la gran mayoría pide que a su muerte sean traídos a su tierra de origen.

Son los mismos migrantes que día a día contribuyen con la economía del estado. Son los que hacen el trabajo que debiera hacer todo gobierno, entendido como gobierno, que es el apoyo para el desarrollo familiar y comunitario.

Los migrantes oaxaqueños, en el primer semestre de este año, enviaron a Oaxaca 843.8 millones de dólares por concepto de remesas, 10.63 por ciento más que en el mismo periodo de 2017.

Y aun así hay quebranto económico en la entidad por mala administración de gobierno. Esto que se ha dicho recio y quedito en los últimos meses parece no ser escuchado por la administración de Alejandro Murat Hinojosa.

Apenas el 23 de agosto pasado,  líderes empresariales de Canacintra y de la Alianza Empresarial y Comercial del estado de  Oaxaca afirmaron que “El colapso económico que prevalece en la entidad es la causa principal por la que en 2018 se han perdido miles de empleos formales” [Encuentro, Álvaro Morales, 24-VIII-18]

Esto es, que ‘según datos, la pérdida de puestos laborales documentada entre abril y mayo pasados ha sido la más abrupta de los últimos 20 años.’

Pero no, no y no: ante el anuncio de las Cámaras empresariales de que en Oaxaca hay parálisis económica, el gobernador Murat Hinojosa contestó que ‘se trabaja de manera coordinada con la Federación para emprender acciones como el tener empleos formales y apoyar a las micro, pequeñas y medianas empresas’. Esto a casi dos años de su gobierno. “Ojos que no ven…”

Pues eso: que en Oaxaca ya se juntan la pena y el dolor; ya se expresa indignación no sólo entre las comunidades en las que por falta de estrategias de desarrollo, crecimiento, trabajo y productividad, tienen que dejar que los muchachos en edad productiva migren para hacer en otras tierras lo que podrían hacer aquí. En la calle, entre los grupos políticos y empresariales y entre prestadores de servicios hay indignación por esta parálisis económica que significa sustento…

Nadie, nunca, se va del lugar en el que es feliz si todo está dispuesto: si ahí hay casa, comida, sustento y una buena sombra para compartir todo esto con la gente querida. Y la pobreza de Oaxaca está ahí, mirando, indignada… y con una pregunta pertinente: “¿Hasta cuándo?”

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