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Mezcal que de esta tierra es

El mezcal no se toma –se dice en Oaxaca- ‘el mezcal se besa’. Como muchas otras esencias de origen oaxaqueño. El mezcal es bebida que nos da fortaleza, dignidad y hechumbre. Es, sin duda, la savia de nuestra tierra prodigiosa y esencia adicional de la tierra que estamos hechos aquí.

Porque el mezcal es agave que sólo se da en esta tierra de la que venimos, de la que nos nutrimos, que está ahí, con nosotros, desde el primero al último momento. Es esta tierra de tal grado prodigiosa que aun mezcal aporta en sus más de treinta especias distintas de sabor, maduración, y origen.

 Así que mezcal y Oaxaca son una asociación de conceptos históricos y vigentes: tradición, cultura y resumen del tiempo.

¿Ha estado usted en una fiesta oaxaqueña en la que no haya una copita de mezcal? ¿Ha disfrutado su sabor-textura-aroma? ¿O se ha reunido con amigos que amigos son para disfrutar una copa del eterno oaxaqueño que todo lo ve y todo lo perdona? ¿Ha llegado usted a la casa de una familia oaxaqueña en la que no le ofrezcan una copita de mezcal para mostrarle afecto, gusto y cariño? ¿Y qué tal cuando antes de alimentarse con la culinaria, que es arte en Oaxaca, se junta con la gente querida para compartir las carcajadas entre pájaros de oficio carpintero?

Pues eso, que el mezcal de Oaxaca, y que es Oaxaca, está a punto de dejar de ser de la tierra del sol para ser de tierras ajenas que buscan la comercialización del producto, no su amparo, no su refugio, no su historia, cultura, emoción, intención, pasión, locura y vida misma…

Tierras ajenas quieren apropiarse de un producto que es marca propia, que genera movimiento económico, desarrollo agrícola y sustenta a un gran número de familias oaxaqueñas que dependen del mezcal como producto de comercialización local, nacional y hoy, ya consolidado, como bebida de exportación. “¡Ah, pero tiene que ser de Oaxaca!” se dice aquí o allá.

Así que de pronto el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial de la Secretaría de Economía decidió que la denominación de origen del mezcal debía otorgarse a productores de estados en los que no hay la cultura del mezcal, no hay la tierra pródiga que lo produce y no hay el sustento social, histórico y cultural que lo avale: simple y sencillamente que de pronto han visto que esta puede ser una veta de comercialización y habrá de producirse con marbete y todo, según esta institución: a lo Chino.

Pasó en Francia: el coñac es una bebida esencialmente francesa, y producida en tierras Cognac: tiene su denominación de origen por lo mismo; lo mismo la champaña, que es originaria de Champagne y cuya elaboración tiene historia y raigambre y, como es el caso hoy aquí, en España se comercializa un producto similar pero no el mismo y, por ley y respeto a la denominación de origen en España se llama “Cava”… y santa paz para todos.

Pero acá no. De pronto esa extensión de denominación de origen tiene un sentido comercial y, acaso, político, porque una vez conseguida la denominación de origen en tierra no mezcalera, se consigue su venta, holograma y sellos con esa calidad suprema, pero sin serlo…

Esto –decía- podría ser una triquiñuela suena a que de pronto políticos o empresarios con mala intención comprarán estas denominaciones de origen mezcaleras para su particular enriquecimiento. Esto es: sembrar codicia mezcalera para obtener ganancias arrasando con todo al paso.

Pero el mismo Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial permite entrar en contradicción seria, porque queda establecido en ley que para obtener la denominación de origen de un producto se tienen que cumplir requisitos indispensables de calidad, cultura, geográficos y de producción.

Así que: “se define como denominación de origen todo signo de designación de productos en el mercado que indica: El origen de procedencia geográfica del correspondiente producto; la existencia en el mismo producto de cualidades o características singulares debidas a ese origen”

Esto es: la denominación de origen se puede considerar como un nivel de protección para garantizar la calidad de los productos a los consumidores y regula la competencia leal en el mercado.

La principal diferencia entre denominación de origen y marca registrada es que mientras ésta última puede tener por objeto tanto servicios como productos; en el caso de la denominación de origen no se aplica a servicios y sólo tiene la función de designar el producto, en este caso Mezcal y cuyo origen geográfico es Oaxaca aquí, ni más ni menos que 500 mil hectáreas mezcaleras.

No queda de otra: defender la propiedad industrial del producto oaxaqueño está en ley; y está en ley defender la economía de muchos campesinos oaxaqueños que han decidido sembrar este agave y no productos malvados, como ha ocurrido en otras tierras campesinas.

En Oaxaca todo es cultura, porque lo es; porque se respira ahí, porque está en el ánimo de cada uno, y cada uno hace su aportación para preservar la historia de un estado que se sabe heredero de la historia pero obligado con su presente: el mezcal es obligación de vida, y Oaxaca sigue siendo la tierra del mezcal porque con el mezcal se besa al mundo…

Eso es: el mezcal no se toma, se besa, qué le vamos a hacer: ni más, ni menos.

 

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