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Oaxaca escarlata

Así que el 19 de abril detuvieron en Puebla, al líder del cártel de Juchitán, Juan Carlos Terán. Está bien. La ley deberá hacer lo que corresponde y llevar a cabo los procedimientos de justicia y determinar inocencia o culpabilidad. De todos modos la situación en Juchitán como en todo el estado de Oaxaca está en extremo de violencia e inseguridad.  

En extremos se nota cuando se tiene miedo; éste no se puede ocultar, como la tos o como el dolor de panza. El cuerpo humano resiente y presiente peligros y tiene miedo; como le ocurre al cuerpo social, esto es: somos una comunidad que hace un cuerpo en donde todos somos uno sólo, y éste a veces tiene miedo, temor, angustia, sensación de peligro y el sentido de supervivencia alerta.

De un tiempo a esta parte en Oaxaca la violencia, el crimen, la delincuencia y la impunidad parece que se dan la mano y nadie, o casi nadie, quiere solucionar el grado de descomposición social al que se está llegando y cuyos límites pueden ser trágicos.

Hoy Oaxaca dejó de ser el estado de excepción, aquel idílico en donde la gente se sentía en confianza, con la puerta de la casa que quedaba abierta de par en par y el paso era seguro por aquí o por allá, a cualquier hora, porque incluso en la noche los ‘aparecidos’ habían desaparecido…

… Hasta hace no mucho, en el estado de Oaxaca poco podía pasar porque poco pasaba. Sí había malandrines latosos, patológicos, que sabían que sus crímenes o fechorías podrían llevarlos con todo y sus huesos a las cárceles si se probaba el delito y, por lo mismo, como que se recataban.  

Ya no es así. Oaxaca es uno de los estados más peligrosos del país para vivir; para trabajar; para invertir, para transitar de un lado a otro; para tener un negocio e incluso para disfrutar.

En diciembre de 2016 la percepción de inseguridad en Oaxaca llegó a máximos, que es decir, al 74.1 por ciento dela población mayor de edad.

Hoy un alto porcentaje de personas mayores de 18 años dice que vivir en la ciudad de Oaxaca  es peligroso, esto es, que “la percepción de inseguridad aumentó 14 puntos de diciembre a marzo de este año”, según cifras del INEGI.

En la capital de estado cada día es más evidente la inseguridad, el crimen, la delincuencia, la complicidad y la corrupción que genera impunidad.  Lo mismo son afectados la gente de a pie como los comercios, la empresa y los servicios. El gobierno municipal minimiza el problema, ofrece cifras favorables e invoca confianza… ¿confianza?

En el informe reciente de INEGI el 85 por ciento de los  oaxaqueños calificó al gobierno como ineficiente para resolver los problemas de inseguridad.

La falta de estrategias de seguridad pública; alumbrado insuficiente, cámaras de vigilancia inservibles, cuerpos de policía sin capacitación para hacer frente a la delincuencia menor y ni pensar en la delincuencia mayor que ya apareció por todos lados en la capital y en la mayor parte del estado producen indignación y descontento social, pero también temor… y miedo.  

Como es el caso de Juchitán, en donde en unos meses han sido ejecutadas decenas de personas; quienes viven allá se sientan inseguros y en peligro. Día a día ocurren ahí crímenes, a la vista. Robo callejero; robo a comercios y a casas habitación son cotidianos. Y ni la autoridad municipal ni la estatal e incluso federal, que han acudido para “brindar apoyo” han podido solucionar el grave problema que se vive ahí, incluyendo, “una nueva estrategia anticrimen” anunciada por la Comisaría de Seguridad Pública el mismo 19 de abril. Ya veremos qué sigue.

Como también ocurre en la Cuenca, en la que la inseguridad se percibe en el aire porque el crimen y la violencia extrema, la delincuencia y las bandas organizadas se han asentado en este territorio. Esto hizo que hace apenas unos días se desplegara ahí la unidad de fuerzas especiales para el Municipio de Tuxtepec; una ‘fuerza de élite’ que buscará minimizar o abatir la delincuencia también en la Cuenca del Papaloapan, se dijo desde el gobierno estatal.  

Y, bueno, de acuerdo con el reporte de la Comisión Estatal de Seguridad, en la zona del Istmo de Tehuantepec y la región costera se ha disparado el número de asesinatos violentos, sin que la Secretaría de Seguridad Pública pueda frenarlos. En esta zona, el secretario de Seguridad de Oaxaca, José Raymundo Tuñón dijo que “se activó un operativo para combatir una célula del crimen organizado que proviene del estado de Guerrero…”

Sí. Está muy bien que haya operativos. Está bien que exista la preocupación de gobierno por el estado de la situación en la entidad. Pero sería mucho mejor si tanto las estrategias, como los protocolos de prevención del delito y la administración de justicia operaran con mayor prontitud y eficiencia, y que la ley actúe con prontitud y justicia exacta. Es una necesidad vital y urgente.  

Una sociedad insegura es una sociedad indignada. La inseguridad propicia nerviosismo, temor y miedo. Y esto ni conviene a la sociedad misma y mucho menos a su gobierno que tiene dentro de sus responsabilidades la de garantizar la integridad física y patrimonial de todos, abatir la delincuencia y anular la criminalidad. Si esto se consigue, entonces sí, habrá confianza.

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