La tragedia de la verdad

  • Escrito por Joel Hernández Santiago
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Nos gusta ser periodistas. Nos hace felices a quienes vivimos de esto y por esto. No podríamos hacer otra cosa en la vida. No porque no se pueda, sino porque no se quiere. Es así. Nos picó la araña del periodismo y quedamos inoculados de su savia que no es veneno. Sí. Eso es.

… Nuestro día a día es periodismo, es preguntar-preguntar-preguntar, siempre preguntar, para saber; es investigar, es dudar y confirmar, es meternos en las entrañas de los hechos para descubrir su esencia y para que sepan cuantos. Es así, qué le vamos a hacer…

Siendo estudiante de periodismo, el  maestro –quien también fue un gran amigo-- Miguel Ángel Granados Chapa, nos decía a sus alumnos que habíamos escogido una carrera enormemente difícil porque a partir de ser periodistas ya nada en la vida sería igual: las cosas que otros ven como cotidianas, como parte del entorno y que les hacen caminar o detenerse, para el periodistas es motivo de escrutinio, de búsqueda, de desconfianza o de túneles a obscuras o luminosos: depende. Pero nada debe pasar desapercibido: señales, gestos, ruidos, murmullos, estruendos…  

[Y aun así, todo eso no nos produce amarguras ni quebrantos o mal genio y mucho menos nos hace caer en la trampa de la verdad inobjetable. La humildad es la regla de la felicidad, en periodismo.]  

La consigna es luchar contra el adjetivo calificativo en las notas informativas porque las envenenan y contra los gerundios; o nada de agendas individuales, ocultas en información. El periodismo nos exige, digamos, objetividad lo más posible, pericia, distancia, un poco de gracia y otra cosita… Pero sobre todo ética, responsabilidad social y una cosa fatal: la verdad.

La verdad. La terrible verdad. La que obliga la conciencia personal y pública. Ni más, ni menos.

Pues todo esto viene al caso por varias razones: unas malas y otras buenas. Veamos. En primer lugar porque apenas el sábado 29 de abril el periódico estadounidense The New York Times publicó un muy documentado y extenso reportaje firmado por Azam Ahmed, en el que se detalla la tragedia de hacer periodismo en México.

“Es muy fácil matar periodistas: la crisis de la libertad de expresión en México” es el título del reportaje, y paso a paso desgrana lo que ha ocurrido en México en los años recientes y sus perspectivas: “México es uno de los peores países en el mundo para ejercer el periodismo. Hasta la fecha hay registro de 104 periodistas asesinados desde el año 2000 y otros 25 están desaparecidos y se cree muertos…” Escribe el reportero.

‘Motivos detrás de los asesinatos a periodistas son varios: sin duda la delincuencia organizada es un factor importante; sin embargo hay funcionarios principalmente en los niveles municipales y estatales que quieren silenciar a sus críticos, así como la violencia arbitraria que vivimos e incluso casos de reporteros que se involucran con grupos delincuenciales y cambian de bando.

‘De acuerdo con datos oficiales, servidores públicos como alcaldes, legisladores, autoridades judiciales y policías han amenazado a periodistas en los estados de la República con tanta  frecuencia como los cárteles o grupos de la delincuencia organizada; eso pone en duda las investigaciones y despierta dudas sobre el comportamiento de las autoridades para hallar a los responsables.’

Ese es el panorama nacional. Es la tragedia de la verdad en México, que se ubica como uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo, junto con Afganistán y Somalia…

Y en este panorama trágico, apenas el viernes 28 de abril murió el periodista español, Miguel Ángel Bastenier. Un hombre dedicado de tiempo completo al periodismo y a enseñar periodismo.

Digamos que por años Bastenier fue emblema de libertad y de periodismo sano, transparente y ético, ya como subdirector y articulista del periódico El País o como catedrático en la Fundación García Márquez, en Colombia.

Defendía que el gran periodista es el que asume la responsabilidad de serlo y que, por lo mismo, está obligado a poner al gobierno frente a su propia responsabilidad.

Decía que algunas de las plagas del periodismo son ‘la declaracionitis, el boletín per sé y el oficialismo porque se desconecta de los lectores’ y que ‘hay que buscar que los jóvenes lean los periódicos porque eso les creará una conciencia indagatoria’. Eso decía. Eso practicaba.  

Y hasta aquí las malas noticias. Luego la buena:

Encuentro-digital, comienza una nueva etapa. Se fortalece. Se vuelve periódico digital, con todas sus letras y con todas sus palabras y todas sus imágenes y con toda su vertiginosidad.    

Cuando nace –y en este caso renace- un medio periodístico hay que gritar ¡albricias! porque es muestra de vitalidad, de interés en lo periodístico y porque los periodistas encuentran refugio en medios de comunicación que nos brindan espacios y certezas, como este digital que nace por la voluntad de su directiva y con apoyo en el trabajo técnico de primerísima línea.

Una bienvenida y un buen augurio de libertad con responsabilidad. Bien por los oaxaqueños y por la puerta abierta del digital Encuentro, para mirar a lo lejos.

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