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Poder y corrupción

.-No todos son corruptos, si lo entendemos como el arte de robar lo ajeno.

(DE REFILON: “Porque he visto violencia y rencilla en la ciudad. Día y noche la rodean sobre sus muros, e iniquidad y trabajo hay en medio de ella. Maldad hay en medio de ella, y el fraude y el engaño no se apartan de sus plazas”. (Salmo 55:9-11)

Eufórico en su banalidad alguna vez José López Portillo proclamo aquello de “la corrupción somos todos”. El presidente Enrique Peña Nieto, arrinconado por el alud de la corrupción de funcionarios de PEMEX, bancos organismos para estatales y privados como Oceanografía, etc, y de los ex gobernadores no se diga, lanzo su espada en ristre con la frase de que “en todas partes hay corrupción”.

Ciertamente la hay. Existe, como nadie puede negar que “el sol sale de día y la luna al amanecer”, diría Juan Pueblo, pero no porque unos sean por herencia genética de la raza que se mezcló con nuestras raíces indígenas y nació el criollo. No  todos somos cortados por la misma tijera. En esto, podemos asegurar que heredamos la fuerte genética de madre india o padre aborigen Basta como ejemplo la dignidad del indio Juárez, y la raíces de su madre patria de López Portillo, como vulgar ejemplo.

Yo soy de los convencidos que tampoco todos los políticos son o hayan sido corruptos, ahí están los que vivieron en la pulcritud y jamás agredieron al pueblo robando hasta la caja chica. Son los que caminan por las calles con la cara en alto.

Leíamos en nuestro archivo, como para recordar en el diario “La Nación” del día 17 de junio, 2003 un artículo con título “La Clase Media Auto Critica Sobre La Corrupción”.

Es fácil echar la culpa a los políticos de los grandes actos de corrupción, como las que ahora sacuden al país con ex gobernadores que eslabonados en una mafia de asaltantes en el poder masacraron los bienes del pueblo y de la nación.

En este sentido ciertamente ellos tienen mucho que arreglar pero el problema tiene raíces más profundas”. En gran parte, el problema radica en la mentalidad de la gente, la educación magisterial ha sido rota por un liderazgo del profesorado donde la corrupción como la humedad avanza y mancha a los mejores educadores que antes cumplían. “<Se nota en los niños">. Siempre hay algunos que buscan una manera de ganar esquivándose de las reglas. Hay un dicho que dice; “Hecha la ley, hecha la trampa>”.

Se critica la corrupción del gobierno, pero no todos son corruptos, aunque se den casos de impunidad y a los ladrones no se les encarcele no para castigarlos, sino para que devuelvan lo menos las mitad de lo que se han robado.

No se vale encarcelarlos y por una tenue ley, dejarlos en libertad más pronto que tarde.

El peor castigo que puede recibir un funcionario ladrón es que devuelva lo robado.

Si ellos, con su mentalidad, ocuparon “como cuota” un puesto en el gobierno, buscan la forma mejor de sacar provecho.

Para algunos la corrupción llega a ser ya una costumbre que lo hacen sin darse cuenta. Como los sonámbulos que caminan, bailan e incluso leen sin despertar.

Pero, ¡échese usted un trompo de uña!, hay quienes simulan no saber ni recordar nada mientras cargan las bolsas de dinero, como los 40 que cuenta Alí Babá.

En la escuela los niños se aprovechan de copiar en un examen, “pues todo el mundo lo hace”. Los maestros simulan taparse los ojos o resolver un crucigrama sino es que tejer chambritas. Mientras la picardía hace mover de un lado a otro “los ojos de los alumnos que están copiando”. Así se eslabonan en la cadena de la corrupción moral.

Y ya no sorprende que las corporaciones policiacas  no se den cuenta de cuando saquean un supermercado. Se ha visto que incluso, muchos ayudan a cargar los refrigeradores o televisores.”¡Ai, te encargo el mío!!

Existen muchos señalamientos y hasta doctrinas religiosas que acusan de malos hábitos  el número de corruptos, que por ello aumentan y se llevan entre las patas a los justos que con razón se quejan.

El bandidaje y lo que llamamos disidentes o melandros, tiene como misión distraer al gobierno y a la sociedad con la anarquía.

Aquí es donde nos hace falta un cambio de mentalidad contra la corrupción, empezando de lo más profundo.

De tiempo inmemorial existe una exquisita apreciación de escritos enrollados en el mar muerto que cuentan que “hubo un tiempo cuando el cristianismo servía para frenar la mala inclinación del hombre pero, hoy en día, la gran mayoría de las iglesias callan (los clérigos, no las instituciones son las malas)

Algunos tienen temor de perder números de su membrecía (limosnas) y por ello no exigen normas morales. Otros buscan experiencias emocionales bajo su sotana, y en vez de disciplinarse para desarrollar su carácter se alían con los capos para vivir como príncipes

Estamos convencidos de la nobleza de los políticos honestos. ¡Nomás hay que encontrarlos y rescatarlos!.

 

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