Cumple estudiante de excelencia un año esperando beca

Para poder terminar el bachillerato, en lo que el apoyo prometido llegaba, Paula Morelos decidió trabajar durante las vacaciones de verano de 2017 en el Mercado de Abasto. / AGENCIAS Para poder terminar el bachillerato, en lo que el apoyo prometido llegaba, Paula Morelos decidió trabajar durante las vacaciones de verano de 2017 en el Mercado de Abasto. / AGENCIAS

Estudiante de escasos recursos, hablante de la lengua cuicateca, su excelencia académica la llevó a representar al país en 2017 en un concurso internacional de saberes comunitarios en Panamá, donde obtuvo el primer lugar al lado de otros dos jóvenes mexicanos, oriundos de Colima y Guerrero.

Doce meses antes, cuando ella tenía 15 años, sus padres afrontaron un grave problema familiar, por lo que le pidieron abandonar la escuela. Ella se negó.

Fue así que en su natal Santos Reyes Pápalo, en la región de la Cañada, una municipalidad donde el 98 por ciento de sus habitantes vive en pobreza –67 por ciento de ellos en pobreza extrema--, Paula Morelos Gómez se dedicó a vender elotes y esquites en la plaza pública y golosinas en las fiestas de sus amigos para costear su segundo año en el Bachillerato Integral Comunitario (BIC) número 28.

De siete de la mañana a tres de la tarde acudía a la escuela, de cuatro de la tarde a 11 o 12 de la noche trabajaba y a partir de las 12 de la noche hacía tarea. Su sueño era estudiar Medicina, narra.

En marzo de 2017, Paula se enteró por un amigo de un concurso de literatura llamado “Rumbo Joven-Diseña tu Futuro”, organizado por el Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve) en coordinación con la empresa Ulinks, cuyo objetivo es –según su página web—fomentar la educación formal en las comunidades indígenas  mexicanas.

Inspirada en su propia historia, la joven oaxaqueña presentó un ensayo titulado “Deserción escolar, más allá del problema”, que fue calificado como uno de los  mejores del país, lo que le valió ser seleccionada para viajar a Panamá, del 19 al 24 de junio de ese mismo año.

En Centroamérica, los estudiantes mexicanos participaron en una serie de dinámicas que tuvieron el objetivo de medir sus habilidades cognitivas y emocionales, incluida su tenacidad para salir avante de situaciones adversas, como generar recursos económicos de la nada y en un país desconocido.

Paula junto con su equipo, después de tres pruebas, obtuvo el primer lugar: “Era prácticamente lo que yo había hecho en mi comunidad”, recuerda, un año después.

 

De ejemplo de la juventud, a “desestabilizadora”

 

El desempeño de la joven no sólo llamó la atención de los organizadores del certamen --quienes le regalaron el 50 por ciento de un viaje a Canadá--, sino del gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat Hinojosa, que la calificó como “un ejemplo para la juventud oaxaqueña” y un “orgullo para Santos Reyes Pápalo”.

A su regreso a la entidad, fue contactada por la directora del Colegio Superior para la Educación Intercultural Integral de Oaxaca (CSEIIO), subsistema responsable del BIC, Emilia García Guzmán, quien le anunció a la adolescente que se reuniría con Murat para un reconocimiento público.

Parecía, dice la joven en una entrevista realizada en el edificio central de Rectoría, en Ciudad Universitaria, que su vida comenzaría a cambiar.

“El Gobernador me prometió una beca económica para toda mi carrera profesional, que  duplicaba lo que yo ganaba trabajando (100 pesos diarios). Me dijo: ‘¿O qué quieres? ¿Te pongo un negocio aquí en la Central (de Abasto)?

“Era tanta mi emoción, que le dije que sí, que estaría muy padre, y ya después me dijo que me iban a dar los dos: el negocio y la beca”, agrega la joven, que hoy pertenece al Bloque de Estudiantes Anarquistas y Socialistas (BEAS), una de tantas organizaciones que predominan al interior de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO) y que cada comienzo de ciclo escolar exigen la ampliación de la matrícula.

 

Un engaño, la cruda realidad

 

--Ya pasó el año y no recibí nada, se lamenta.

--¿Con quién te mando Alejandro Murat?, consulta el reportero.

--Solo le dijo a la directora (del CSEIIO, Emilia García Guzmán) que me dieran la beca, (pero) cuando yo me acercaba para saber cómo había quedado, sólo me decían: ‘Te tomo tu datos: quién eres y de dónde vienes…’ Nunca me dieron algo concreto.

»Estuve insistiendo todo el año; incluso, fui a penas (nuevamente) y sólo tomaron mi datos y ya no me dijeron nada.

--¿Y tu negocio?

--Tampoco me dijeron nada; nada, de plano.

Para poder terminar el bachillerato, en lo que el apoyo prometido llegaba, Paula Morelos decidió trabajar durante las vacaciones de verano de 2017 en un puesto de ropa del Mercado de Abasto de la ciudad de Oaxaca, donde le pagaban 100 pesos al día y, al término del asueto, regresó a su pueblo donde continuó con la venta de queso, quesillo, elotes y golosinas. Hasta recargas telefónicas hacía, aunque lo dejó porque no era redituable, cuenta.

Graduada del nivel medio superior, la estudiante aplicó el examen de admisión para Medicina en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), pero reprobó. Su segunda opción fue la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO) en la misma carrera, pero también quedó fuera.

“El tiempo no me alcanzaba para estudiar y todas esas cosas: o tenía que sacar el dinero o tenía que estudiar; entonces, no me prepare adecuadamente, fue por eso que no pude pasar el examen.

“Pensé: ‘Cómo quiero estudiar si no tengo los recursos, no tengo nada; ¿cómo quiero estudiar?’”.

Días después, tras indagar con maestros y algunos alumnos de la UABJO, fue contactada por una persona que le ofreció un espacio en las facultades de Derecho o Contaduría a cambio de 8 mil pesos; sin embargo, por su precaria situación económica, y porque ambas opciones no eran de su interés, no aceptó.

Un año después de haber triunfado en Panamá, la joven regresó a Santos Reyes Pápalo, en el distrito de Cuicatlán, resignada a continuar con su vida, lejos de las aulas.

Tampoco viajó a Canadá porque Emilia García Guzmán, quien aparece en una de las fotos divulgadas por el gobierno del estado al lado de Paula y Alejandro Murat, nunca le respondió la petición para cubrir el 50 por ciento restante del costo del viaje que le había sido otorgado por los organizadores del certamen de Panamá. 

Sin embargo, días después, otro amigo le habló de una organización llamada Bloque de Estudiantes Anarquistas y Socialistas (BEAS), que, a cambio de participar en movilizaciones al interior de la UABJO para exigir la ampliación de la matrícula, le podían otorgar un espacio sin ninguna paga de por medio.

Aceptó.

No pudo Paula incorporarse a la Facultad de Medicina, pero sí a la Facultad de Arquitectura, desde donde ahora perseguirá su nuevo sueño.

--¿Y ahora a qué te dedicas?

--Sigo vendiendo mis productos por catálogo (entre conocidos). Pedí permiso para vender aquí (en la Universidad) y me lo dieron, así que voy a comenzarlo a hacerlo.

 --¿Cuánto te cobraron para entrar a la Facultad de Arquitectura, para realizar tu inscripción?

--Aún no me dan cuota de inscripción.

--Dicen que son cuotas fuertes, ¿no?

--Sí, son como 12 mil pesos.

--¿Cómo le vas a hacer?   

--De hecho voy a pedir dinero prestado porque no cuento con el dinero.

--¿Pero vas a seguir trabajando? 

--Sí.

--¿Qué opinas de la venta de plazas en las universidades?

--Está mal; vender un lugar está mal porque si esa persona tiene el poder para meter a alguien no entiendo por qué no lo hace. En cuanto a la Universidad, a veces pienso que deja fuera a los jóvenes no porque realmente no puedan admitirlos, sino porque sabe que por esas plazas pueden pagar.

 

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