Chequen esto: ¿En qué momento tener hambre, cansarnos, sentir el abdomen abultado después de comer o no despertar absolutamente todos los días llenas de energía se convirtió en una señal de que “algo está mal” con nosotras?
Últimamente, la industria del wellness nos ha enseñado a monitorear, optimizar y corregir prácticamente todo lo que hace nuestro cuerpo. Nos prometió bienestar y paz mental, pero terminó convirtiendo experiencias corporales completamente normales en «problemas» que, supuestamente, debemos arreglar a toda costa (y por los que además estamos gastando fortunas).
Hoy parece que estar verdaderamente saludables significa tener energía ilimitada, dormir perfecto, no sentir hambre ni antojos jamás, mantener el mismo peso todos los días de la vida, entrenar supermotivadas y vivir sin inflamación, sin canas en el pelo y sin una sola línea de expresión en la cara.
A ver, ¡ese cuerpo no existe! Un cuerpo sano no es una máquina estática: responde a lo que comemos, a cómo dormimos, al ejercicio, al estrés, a nuestras hormonas y, por supuesto, a la edad. La salud también fluctúa, y eso está bien.
10 cosas naturales que el wellness convirtió en problemas
Aquí les dejamos las 10 cosas completamente normales que el wellness nos hizo creer que son un problema:
De escuchar al cuerpo a vigilarlo todo el tiempo
Los relojes inteligentes, las aplicaciones y los estudios pueden darnos información supervaliosa. El terror empieza cuando interpretamos cada pequeña variación como una alarma de emergencia. Una mala noche de sueño se vuelve un «trastorno»; una comida abundante, una «intolerancia»; un cambio en la báscula, «grasa pura»; y un simple antojo, una «deficiencia nutricional». Tener más datos no siempre significa tener más tranquilidad. La pregunta real no es cómo eliminar toda incomodidad de nuestra vida, sino si esa incomodidad es algo ocasional o un patrón que ya nos está afectando.
Tener hambre no significa que su metabolismo esté fallando
El hambre es una señal de lo más normal, influida por las horas que llevan sin comer, si hicieron ejercicio, el sueño, el estrés y nuestras maravillosas hormonas. Sentir hambre un par de horas después de comer no significa que tengan el metabolismo roto. Aguantarse el hambre tampoco es una medalla de honor; a veces, la respuesta más inteligente y amorosa es simplemente comer. (Ojo: solo deben consultarlo con un especialista si el hambre es excesiva, o viene con sed incontrolable, mareos o pérdida de peso inexplicable).
Estar cansadas después de un día pesado
Después de un día de trabajo, juntas, mil pendientes, ejercicio y tráfico, estar agotadas no significa que les falte un superalimento mágico: quizá simplemente necesitan descansar. El cansancio ocasional es la respuesta natural de nuestro cuerpo al esfuerzo. Recuerden que la mayoría de nosotras necesitamos al menos siete horas de sueño de calidad.
Que el peso cambie de un día a otro no significa que ganaron grasa
Pesarse el lunes y ver 60 kilos, y el martes ver 60.8, no significa que subieron 800 gramos de grasa en una noche. ¡Es fisiológicamente imposible, cuentahabientes! Nuestro peso corporal incluye mucho más que tejido adiposo. Cambia por:
- Retención de líquidos.
- Consumo de sodio.
- Carbohidratos y glucógeno almacenado.
- Lo que hay en su aparato digestivo (sí, la comida pesa).
- Estreñimiento.
- En qué momento de su ciclo menstrual están.
- Inflamación temporal por el ejercicio.
Por eso, para ver cambios reales, lo mejor es observar promedios semanales y no entrar en pánico por una sola cifra en la mañana.
Sentirse «inflamadas» después de comer
Es lógica pura: después de una comida abundante, el abdomen no tiene por qué verse igual de plano que al despertar en ayunas. Hay alimentos, líquidos y gases ocupando espacio. Sentirse llenas o notar un poco de volumen no demuestra, por sí solo, que tengan intolerancia al gluten, disbiosis o que necesiten eliminar media alacena. Además, dejen de compararse con fotos de Instagram tomadas a las 6:00 a.m. con buena luz, posturas estratégicas y el abdomen sumido.
Que la glucosa suba al comer
La glucosa aumenta naturalmente después de comer, sobre todo si consumimos carbohidratos, y la insulina entra en acción para utilizarla o almacenarla. Esto no es automáticamente un problema metabólico. Si la glucosa sube después de comerse un plátano, no significa que se hizo daño; significa que el plátano tiene carbohidratos y su cuerpo está haciendo su trabajo. Vigilar cada pico en personas sanas solo genera ansiedad alimentaria.
No tener ganas de entrenar un día
La motivación fluctúa hasta en las mujeres más disciplinadas del mundo. No querer entrenar un día no significa que tengan un desbalance hormonal gravísimo. Pueden hacer su rutina más suave, salir a caminar o, escuchen bien: descansar.
Tener antojos de repente
Querer un chocolate a media tarde no significa obligatoriamente que les falte magnesio: a lo mejor nada más les fascina el chocolate y ya. Los antojos se relacionan con emociones, falta de sueño o dietas muy restrictivas. Comer también es placer. Lo preocupante sería perder el control constantemente o vivir obsesionadas y con culpa.
Envejecer no es una falla del sistema
Envejecer de forma espectacular significa conservar nuestra fuerza, movilidad, independencia y alegría, no borrar desesperadamente el paso del tiempo. Las canas y las arrugas en la cara no son fracasos. Cuidarnos y hacernos nuestros arreglitos estéticos es superválido, pero el problema es cuando creer que debemos parecer de 20 años se vuelve un requisito para sentirnos valiosas o atractivas.
Necesitar descansar
El descanso no es un premio que tengamos que ganarnos quemando calorías. Decir con culpa “hoy solamente caminé” demuestra lo mucho que hemos devaluado la recuperación. Quedarse en cama, bajar el ritmo y no hacer nada también es parte de un estilo de vida saludable. Hoy en día, hasta descansar se volvió un proyecto de productividad que hay que medir y presumir. ¡Deténganse sin culpa!
¿Qué nos está vendiendo realmente la industria del wellness?
Para que la industria siga facturando, necesita que nosotras sintamos que siempre hay algo mal que debemos corregir. Así, siempre habrá un producto, un protocolo o un jugo carísimo que vendernos. Las herramientas de bienestar son increíbles, pero no debemos usarlas para perseguir una perfección física que simplemente no existe.
¿Cómo distinguir lo normal de una señal de alerta?
Antes de autodiagnosticarse buscando en TikTok, observen estos 4 elementos:
- Duración: ¿Pasó una vez o lleva semanas?
- Intensidad: ¿Es una molestia chiquita o les impide hacer su vida?
- Cambio: ¿Es algo normal en ustedes o apareció de la nada?
- Síntomas asociados: ¿Viene acompañado de dolor intenso, desmayos, fiebre o pérdida de peso involuntaria?
Si notan síntomas persistentes, intensos o que van empeorando, entonces sí, corran a evaluarse con un profesional de la salud.
Cuentahabientes, la salud debe ser algo que expanda sus vidas, no algo que las reduzca. Cuando el autocuidado se convierte en miedo, rigidez y culpa constantedejajó de ser cuidado. Un cuerpo sano no es un cuerpo controlado milimétricamente; es un cuerpo capaz de cambiar, adaptarse, recuperarse y, sobre todo, disfrutar. ¡Relájense y escuchen a su cuerpo con amor!
Especialista: Isabel Gutiérrez. Health coach por el Institute for Integrative Nutrition de Nueva York, Diplomado y Certificación de Salud Funcional por el Instituto de Salud Funcional Mente-Cuerpo. Coach certificada por el programa de Faster Way to Fat Loss. Certificación de entrenadora de indoor cycling.
