lunes, octubre 12, 2026

¿Comen menos y cero bajan de peso? ¡Es la menopausia!

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Ahí les va la voladora sobre las razones por las que hacen dieta, comen bien, se cuidan y aún así no bajan ni un gramo.

A ver, tómense cinco minutos y siéntense a leer esto porque les urge. Hoy vamos a poner sobre la mesa un tema del que a veces nos da muchísima pena hablar, pero que a todas nos pasa en algún momento: la menopausia y todos esos cambios loquísimos que vivimos.

No nos dejarán mentir, ¿cuántas de ustedes no se repiten estas frases?: “Te lo juro que como súper poquito, me mato de hambre y nada más no bajo un gramo”, o “Siento que mi cuerpo cambió de la noche a la mañana y ya no lo reconozco”.

Por eso, hoy les tenemos la guía definitiva, de la mano de nuestras expertas picudísimas, Bea Boullosa, Nutrióloga, y Mari Mar Álvarez, Cirujana Plástica, para entender qué nos está pasando realmente y cómo tomar las riendas de nuestra salud, nuestra paz y nuestro cuerpo.

¿Por qué como lo mismo de antes y ahora subo de peso?

Seguro les ha pasado que intentan hacer la misma dieta que a los treinta las dejaba espectaculares, y hoy… nada. ¿Por qué? Fíjense muy bien: sus necesidades han cambiado drásticamente. Tal vez se mueven menos en el día a día, han perdido masa muscular o están durmiendo pésimo. Los cambios hormonales también hacen de las suyas y favorecen que la grasita se quede en el abdomen, pero ojo, ¡las hormonas no explican por sí solas todo el aumento de peso!

Cuando una mujer siente que casi no come y no baja, los especialistas tienen que revisar el panorama completo: cantidades reales, qué bebidas están tomando, sus horarios, qué pasa los fines de semana, la calidad del sueño, la actividad física y hasta las pastillas o tratamientos que estén tomando. A veces, comer poco volumen no significa consumir poca energía. Y cuidado, hay que aprender a distinguir entre la grasa real, la retención de líquidos o la inflamación por estreñimiento.

¿La regla de oro hoy? Come mejor, no menos. Construyan comidas inteligentes y completas con proteína, vegetales, alimentos ricos en fibra y grasas buenas. Cambien ese desayuno de galletitas con café por unos huevos enteros con tortilla y fruta. El objetivo es que cada comida las nutra y les dé saciedad, no vivir a base de lechuga.

El ataque de los antojos: ¿Por qué tenemos un hambre feroz?

Si de pronto sienten que tienen más hambre o antojos incontrolables, quítense la culpa. No todo es falta de voluntad ni un capricho hormonal. Muchas veces esto es resultado de comidas insuficientes, niveles de estrés a tope, mayor actividad física o alteraciones en el sueño.

Dormir poco arruina por completo la regulación de los antojos y hace que el cerebro pida a gritos alimentos dulces, grasosos y ultra calóricos. Además, si se saltan comidas para «ahorrar» calorías, van a llegar a la noche queriendo devorar el refri entero. Es mil veces mejor distribuir bien la alimentación durante el día. Eso sí, cuentahabientes, si sienten un hambre nueva, sumamente intensa, que viene acompañada de muchísima sed, palpitaciones o pérdida de peso involuntaria, corran a una valoración con un doctor.

«Mi cuerpo se ve diferente: ¿Por qué siento que todo se me va a la panza?»

Es un clásico que en la transición menopáusica sintamos que la cintura desaparece. Durante esta etapa puede cambiar la distribución de la grasa, acumulándose en el abdomen. Pero fíjense bien: una panza que cambia de tamaño durante el transcurso del día puede ser simple distensión o estreñimiento.

Si la báscula marca exactamente lo mismo pero la ropa les aprieta, recuerden que la báscula no sabe distinguir entre músculo y grasa. Con los años podemos perder músculo y ganar grasa sin alterar el peso total. ¿Cómo se dan cuenta de que están perdiendo músculo? Si actividades cotidianas como subir escaleras, cargar las bolsas del súper o pararse de una silla les cuestan más trabajo. Para combatirlo necesitan hacer equipo: proteína y ejercicio de fuerza. Hagan pesas por lo menos dos días a la semana.

Y por favor, dejen en paz a los carbohidratos; no necesitan eliminar la tortilla, la avena, la fruta o los frijoles. Lo que importa es la calidad, la cantidad y cómo los integran en sus platos.

Hablemos sin pena: ¿Por qué se me sale la pipí?

Cuentahabientes, rompamos este tabú. A cuántas les pasa que estornudan, se ríen a carcajadas o brincan y sienten que se les escapa un chorrito. Esto se llama incontinencia urinaria de esfuerzo. O de pronto les urge ir al baño, sienten que no llegan y se escapan unas gotas, lo cual se relaciona con una vejiga hiperactiva.

Aquí entra en juego nuestro queridísimo piso pélvico, ese conjunto de músculos y tejidos que sostiene los órganos. No solo necesita fuerza, sino coordinación para relajarse y contraerse correctamente. Y no, no solo les pasa a las que tuvieron embarazos; el envejecimiento, la baja hormonal, la tos crónica o el sobrepeso también influyen. Si estos escapes afectan sus rutinas, su ejercicio o su paz mental, necesitan ir a terapia de rehabilitación pélvica.

Ojo: los famosos ejercicios de Kegel no son para todas; si sus músculos están demasiado tensos, insistir en contraerlos puede empeorar el dolor.

¿Qué está cambiando en nuestra zona íntima?

Si sienten resequedad, ardor o irritación en la vagina y vulva, fíjense que la baja de estrógenos hace que estos tejidos se vuelvan más delgados, menos elásticos y súper vulnerables a la fricción. Esto puede causar dolor espantoso durante las relaciones sexuales, ¡incluso cuando tienen muchísimas ganas! Y escúchenme bien: el deseo y la lubricación no siempre van al mismo ritmo, y no tienen por qué aguantarse el dolor para mantener su vida sexual activa.

Es fundamental entender la diferencia entre un lubricante (que se usa en el momento del encuentro sexual para reducir fricción) y un hidratante vaginal (que se usa de forma regular para aliviar la resequedad del día a día). Además, no confundan estos cambios con infecciones; muchas veces el ardor y la irritación son simplemente resequedad hormonal, así que eviten autorecetarse terapias antimicóticas o antibióticos sin confirmar con sus doctores.

¿Por dónde empezamos a cuidarnos?

Nuestras expertas nos dejan un mensaje clarísimo: no debemos atribuirle todo automáticamente a la menopausia. Si presentan sangrados después de 12 meses sin menstruar, lesiones genitales, sangre en la orina o pérdida de peso involuntaria, busquen atención profesional de inmediato.

Si quieren empezar a tomar acción hoy mismo:

  • Desde la nutrición (Bea): Revisen que sus comidas sean suficientes y súper completas. Aseguren su consumo de proteína y fibra, acompáñenlo con rutinas de fuerza y exíjanse un buen descanso nocturno.
  • Desde la salud íntima (Mari Mar): Identifiquen la causa real de cualquier molestia íntima con una valoración profunda. Elijan los tratamientos adecuados para los tejidos y apoyen a su cuerpo con rehabilitación pélvica. El objetivo máximo es recuperar su comodidad, su continencia y su disfrute sexual.

Cuentahabientes, esta etapa es para empoderarnos, para escuchar a nuestro cuerpo y darle el mantenimiento de lujo que se merece. No normalicen sentirse mal. ¡Están en el momento perfecto para sentirse plenas, fuertes y dueñas absolutas de sí mismas!

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