Julio 20, 2019

Narro-Trump y el nuevo PRI

 En el proceso de relección del presidente Donald Trump, éste aseguró que una de sus principales banderas será someter a nuestro país –y lo ha logrado- para el control de la migración ilegal, problema considerado como de seguridad nacional. De esa manera México es factor fundamental en los comicios estadunidenses en plena contradicción de la Doctrina Estrada de no intervenir en los asuntos internos de otras naciones.

 

 Y si Trump nos tomó ya de bandera electoral, en lo interno hay un estira y afloja en el manejo de los organismos electorales toda vez que los partidos sospechan que hay la intención de volver a controlarlos desde el poder público. Y no sólo eso, sino la nueva administración federal afina sus mecanismos para intervenir en el control de los partidos políticos como ocurría anteriormente.

 

 Así lo confirma el ex rector de la UNAM, José Narro, al renunciar al tricolor y a sus pretendida intención de convertirse en dirigente nacional. Acusa que no sólo hay manipulación y simulación hacia el interior del otrora invencible, sino que la elección de la nueva dirigencia tiene el visto bueno del tabasqueño para que sea un campechano el nuevo dirigente. Y en esas condiciones, abandona la contienda.

 

 Seguramente se dirá que los tiempos han cambiado y que hay otras condiciones políticas dentro y fuera del país. La Doctrina Estrada es ya obsoleta y México debe participar activamente en la política internacional y así puede convertirse en aliado del actual presidente para impulsarlo en su afán reelecionista, aun cuando diversas sectores dentro y fuera de los EU lo consideran no apto para ejercer el cargo que ostenta.

 

 Podrá argumentarse que México realiza un gran intercambio comercial con la Unión Americana y que tiene que apoyar su política comercial y participar activamente en lo que ordene o sugiera el acaudalado neoyorquino, pero habrá que ver que Trump no siempre corresponde a sus aliados ni a los que se consideran sus amigos, pues no los tiene, y suman más sus adversarios.

 

 Y en cuanto a la renuncia y acusación del ex titular José Narro, es de lamentarse que después de 46 años de militancia en el tricolor hasta ahora se haya dado cuenta que el partidazo siempre ha recibido línea de la Presidencia de la República y, de acuerdo a su historial, nunca la militancia ha intervenido para elegir a su dirigencia y menos para la selección de sus candidatos a puestos de elección popular. La simulación y manipulación han existido siempre dentro del tricolor.

 

 A Narro se suman dos priistas prominentes: el ex gobernador sonorense Manlio Fabio Beltrones, que ha ocupado todos los cargos de elección popular y administrativos disponibles, y la ex diputada Beatriz Pagés, recientemente exhibida como una de las receptoras de los privilegios otorgados a los medios por el ex presidente Peña Nieto. Tampoco tiene mayor arraigo y compromiso ahora con el partido, pues ya no está en el poder.

 

 Resulta extraño que a unas horas del registro de candidatos a la dirigencia nacional del PRI y a dos meses de las elecciones (11 de agosto), Narro denuncie intromisión presidencial en favor del gobernador de Campeche, Alejandro Moreno, cuando todavía no inicia de manera formal el proceso de elección interno, es decir, abandona el barco porque no tiene intención de dar la batalla interna y seguramente esperaba una decisión a su favor. Los verdaderos dirigentes dan la lucha hasta el final, no antes de que empiece.

 

 Sin duda, se viven nuevos tiempos: el PRI se adapta a las nuevas circunstancias y el Gobierno Federal se alinea hacia el poderoso vecino país del norte en lo que se llama, la alineación hacia el poder.

 

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