El agua: entre la crisis anunciada y la improvisación gubernamental

Por Lilu Martínez

Lo que estamos viviendo en Oaxaca ya no es un problema aislado, es una advertencia clara de lo que viene si no se toman decisiones de fondo.

El año pasado lo padecimos en carne propia. Hubo colonias que esperaron hasta 40 días para recibir el servicio, y eso a quienes “les iba bien”. Muchas familias simplemente se quedaron sin agua. Las quejas contra el Sistema Operador de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado, mejor conocido como SOAPA, no son nuevas: servicio deficiente, fugas que tardan semanas en reparar y obras que dejan a medias, con escombros y calles abiertas como si la improvisación fuera parte del sello institucional.

Ayer, el gobernador anunció la creación de la Secretaría del Agua. En el papel suena bien. Oaxaca necesita una política hídrica seria. Pero la pregunta es inevitable: ¿será una dependencia técnica, con especialistas en hidráulica, planeación y gestión del recurso? ¿O será otro espacio burocrático para reciclar actores políticos y ampliar la nómina sin resultados reales?

No olvidemos el programa “Agua para Todos” implementado el año pasado. Una estrategia emergente que consistía en colocar tinacos en colonias abastecidas por pipas del gobierno. El problema es que no fue universal, hubo señalamientos de favoritismos y múltiples denuncias ciudadanas por irregularidades. Fue una medida paliativa, no una solución estructural.

Y ese es el punto central: la crisis del agua no se resuelve con programas improvisados ni con anuncios mediáticos. Es un fenómeno mundial, sí, pero aquí se agrava por la falta de inversión en infraestructura hidráulica. Necesitamos modernizar redes, reducir fugas, invertir en almacenamiento, captación pluvial y sistemas eficientes de distribución. Se requiere planeación a largo plazo, no ocurrencias sexenales.

También se necesita orden. En temporada de escasez aparece el llamado “huachicol del agua”: pipas vendiendo el recurso a sobreprecio, abusos que afectan directamente a las familias. Aquí la responsabilidad no solo es administrativa, también es de seguridad y de regulación efectiva del mercado.

El llamado es claro: que esta nueva Secretaría no sea un membrete más. Que haya técnicos, que haya diagnósticos reales y que haya transparencia en el uso del presupuesto. Y a la ciudadanía también nos toca actuar: cuidar el agua, almacenar de manera preventiva cuando sea posible, reparar fugas domésticas y entender que el desperdicio hoy es crisis mañana.

El agua no es un tema político, es un tema de supervivencia. Y Oaxaca ya no puede seguir postergando soluciones de fondo.