48 años de “Encuentro”

Joel Hernández Santiago

Al gobierno en el poder no le gusta la libertad de expresión. Le disgusta. Le da comezón, urticaria, dolor de tripa. A muchísimos políticos en activo, ya como funcionarios públicos o en puestos de elección popular les indigna que se diga la verdad de lo que hacen durante sus gestiones, sobre todo si esa verdad tiene que ver con corrupción, abuso de poder, nepotismo, chanchullos…

Para ellos la buena prensa, la de la libertad de expresión según su criterio, es la que aplaude sus dichos, sus hechos, resguarda sus abusos y se hace elogio de sus andanzas políticas: esa es buena prensa según sus discernimientos propagandísticos.

Pero no toleran que los periodistas con E, de ética, digan, escriban, miren, indaguen, sepan y transmitan lo que pasa y lo que ocurre en el país, sobre todo lo que surge de la función pública y el legislativo, ya federal, estatal o municipal.

Sin embargo queda claro que el periodista es una especie de árbitro de futbol: tiene que silbar muy enfático cuando el jugador hace una mala jugada; cuando mete el pie al adversario deportivo; cuando lo empuja o hace trampa o rompe las reglas del juego en su beneficio, en su afán de triunfo y preponderancia: cuando hace daño. Luego, ese árbitro no puede ni debe aplaudir cada buena jugada del deportista porque ambos saben que esa es la obligación de cada una de las partes.

Para eso existen las reglas de comportamiento, de ética, de respeto, de llevar las cosas a buen término. Para eso está la prensa, la libertad de expresión, los periodistas, los comunicadores honestos, vocados, capaces y éticos: para ser factor de equilibrio, para contener los excesos, los abusos, las mentiras, los engaños, la corrupción, la inseguridad, la pobreza, la injusticia de políticos y gobierno, en todo momento.

Porque el periodismo de verdad es una profesión de 24 horas al día, los siete días de la semana y toda la vida: toda su vida, la del periodista, la del hombre que entrega su vida para decir la verdad, como fue Miguel Ángel Granados Chapa, Carlos Ferreyra, Manuel Buendía y tantos más así.

Precisamente uno de los temas tratados en una mesa de periodistas el sábado 21 de marzo, transmitida a través de la radio y multimedia con motivo de cumplir 48 años de transmisiones continuas “Encuentro” radio en Oaxaca, durante un buen tramo se trató el tema de la libertad de expresión en estos tiempos turbulentos en nuestro país.

La opinión general fue la de que nuestra Libertad de Expresión, no sólo en Oaxaca, sino en todo el país está en vilo. Amenazada, perseguida, sus operarios, los periodistas, editores, comunicadores, propietarios de medios, están bajo la presión externa como pocas veces: por un lado la presión de gobierno que toma medidas extremas para callar la voz del periodista, y a sus medios.

Lo hacen no sólo por la vía de la amenaza o le persecución, acaso, incluso, la muerte de periodistas. Según datos de Artículo 19, al menos 46 periodistas fueron asesinados en México entre diciembre de 2019 y mediados de 2024 en posible relación con su labor. Esto ha convirtiendo a México en uno de los países más peligrosos para el ejercicio periodístico, ya impreso, electrónico o digital.

Pero también está la vía económica e institucional para presionar, amenazar, intimidar y ejercer censura e inducir a la autocensura al desaparecer por inanición a medios que todavía hace poco estaban consolidados, como también bajo la presión de los operarios políticos de distinto rango a dueños de medios, a editores, a reporteros: “Ten esto y publícalo como cosa tuya” se les dice.

En 1978 nació “Encuentro” radio. Un programa de tipo informativo que surgió por inquietud de don Humberto López Lena Robles y quien heredó la inquietud y la emoción y pasión por el periodismo-radio, a su hijo, Humberto López Lena Cruz quien a toda costa y costo ha mantenido la regla establecida por él mismo: “Aquí se ejerce la libertad de expresión con responsabilidad”.

Por supuesto, la radio López Lena ha sufrido altibajos. Por sus micrófonos, instalaciones y reporteo han transitado muchos periodistas que hoy ocupan lugares destacados en la comunicación oaxaqueña. En 48 años el estado de Oaxaca ha vivido enormes experiencias políticas, sociales, económicas… La pobreza, la injusticia, la desigualdad, el abandono, los malos gobiernos, incluido el de hoy mismo… Todo ha estado presente en este programa emblemático de la entidad.

Y, sobre todo se ha mantenido la línea editorial de la libertad de expresión responsable, la verdad, la crítica fundada, la observación puntual y la información sustentada. Una libertad de expresión hasta sus últimas consecuencias y esto no es más que la pura verdad en este caso, pues Humberto López Lena Cruz fue preso por decir verdades de peso completo…

Fue detenido el 5 de abril de 2003. Su encarcelamiento se debió a órdenes de aprehensión por presunta responsabilidad en delitos de calumnias y difamación contra el entonces presidente de la Gran Comisión de la Legislatura local, derivado de críticas emitidas en sus medios. Gobernaba la entidad José Murat Casab. Por supuesto, luego de una vigorosa batalla legal, fue liberado y exonerado de los delitos que le imputaron.

Y ahí está “Encuentro” siempre vigente y vigoroso. Siempre con libertad de expresión responsable. Siempre crítico, con responsabilidad y probanza. Y están muchos-muchos periodistas de Oaxaca que no se someten al poder político o económico de la entidad para hacer su trabajo-su oficio-su vocación.

Y no podía ser menos porque es en Oaxaca desde donde surgió uno de los primeros periódicos de México, uno que buscaba la independencia del país: “El Diario de México”, editado por el oaxaqueño liberal independentista Carlos María de Bustamante, y cuyo primer ejemplar salió el 1 de octubre de 1805.

Y eso: La libertad de expresión es un derecho social y humano; una libertad con todas sus letras; una virtud democrática y un legítimo instrumento de defensa diario, diario, diario: las 24 horas del día, en todo el mundo, y sobre todo en México, nuestro país: el único que tenemos.