Han pasado cuatro años desde la desaparición de Irma Galindo Barrios, defensora comunitaria mixteca que alzó la voz contra la tala ilegal en el municipio de San Esteban Atatlahuca, en la región Mixteca de Oaxaca. Su ausencia, lejos de apagar la lucha, mantiene viva la exigencia de justicia y el reclamo de comunidades que continúan desplazadas.
Irma Galindo, de 41 años, fue vista por última vez el 27 de octubre de 2021 en la Ciudad de México, a donde acudió tras recibir amenazas por su labor como guardabosques. Había denunciado el saqueo de madera en su comunidad, señalando incluso a autoridades locales como responsables.
Su defensa del territorio no fue aislada. Tres comunidades indígenas —Ndonoyugi, Guerrero Grande y Mier y Terán— también enfrentaron la violencia derivada de este conflicto. En octubre de 2021, ataques armados dejaron más de un centenar de viviendas quemadas y al menos 300 personas desplazadas, quienes hasta hoy no han podido regresar a sus hogares.
Desde entonces, decenas de familias viven refugiadas en Tlaxiaco, donde enfrentan condiciones difíciles. Mujeres, niñas y niños intentan reconstruir su vida lejos de su tierra, entre carencias, incertidumbre y el temor constante por su seguridad.
Las personas desplazadas denuncian que, pese a que las autoridades conocen a los responsables de la violencia, no se han generado condiciones para un retorno seguro. Además, continúan exigiendo acceso a derechos básicos como educación, salud y protección.
Irma Galindo dedicó su vida a la defensa del bosque, al que consideraba su hogar. Hoy, su historia se suma a la de decenas de ambientalistas en México que han sido víctimas de agresiones, en un contexto donde la defensa del territorio sigue representando un alto riesgo.
A cuatro años de su desaparición, su nombre sigue presente en la lucha de su comunidad, que resiste entre el desplazamiento, la memoria y la exigencia de justicia.



