El cáncer de ovario, es un enemigo silencioso que todas debemos aprender a escuchar.
El 8 de mayo, conmemoramos el Día Mundial del Cáncer de Ovario. Esta fecha no es solo una efeméride más; fue instaurada desde 2013 por la World Ovarian Cancer Coalition con una misión urgente: visibilizar que este tipo de cáncer suele detectarse demasiado tarde, cobrando la vida de miles de mujeres cada año.
La realidad es fuerte, pero hay que decirla: según la Organización Mundial de la Salud, cada año se diagnostican más de 300,000 casos nuevos en el mundo y causa alrededor de 200,000 muertes anuales. Ocupa el octavo lugar en frecuencia entre las mujeres, y en nuestro México lindo y querido, la situación no es menor.
¿Qué está pasando en México?
La Secretaría de Salud calcula que en nuestro país se presentan entre 4,000 y 5,000 casos nuevos cada año. Es decir, hablamos de unos 6 a 8 casos por cada 100,000 mujeres. Lo más preocupante, cuentahabientes, es que representa una de las principales causas de muerte por cáncer ginecológico en el país porque cerca del 70% se detecta en etapas ya muy avanzadas.
¿Por qué es tan peligroso?
Este tipo de cáncer se origina en los ovarios y su mayor desafío son sus síntomas silenciosos o confusos. Afecta principalmente a mujeres mayores de 50 años y, especialmente en la etapa posmenopáusica, se convierte en un reto de salud pública enorme.
Las señales que NO deben ignorar
A ver, pongan mucha atención, porque los síntomas son tan «comunes» que es facilísimo confundirlos con un simple malestar digestivo o cambios hormonales. Si presentan estos síntomas de forma persistente por más de 2 semanas, corran a revisión:
- Inflamación abdominal que no se quita.
- Sentir que se llenan rapidísimo al comer.
- Dolor pélvico o abdominal constante.
- Aumento del tamaño del abdomen.
- Cambios urinarios: sentir urgencia de ir al baño o ir con demasiada frecuencia.
- Estreñimiento.
- Fatiga extrema o pérdida de peso sin razón aparente.
Cuando la enfermedad ya está avanzada, pueden aparecer señales más severas como la ascitis (acumulación de líquido en el abdomen), derrame pleural o incluso una masa pélvica que se puede tocar.
Factores de riesgo: ¿Qué sí influye?
No se trata de entrar en pánico, sino de conocer nuestro historial. Estos factores aumentan las probabilidades:
- Edad: Tener más de 50 años.
- Genética: Antecedentes familiares de cáncer de mama u ovario, especialmente mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2.
- Estilo de vida: Obesidad y tabaquismo.
- Historial reproductivo: Endometriosis, no haber tenido hijos, infertilidad, una menarca (primera regla) temprana o una menopausia tardía.
- Hormonas: Terapias hormonales prolongadas después de la menopausia.
Dato curioso (y protector): El embarazo, la lactancia y el uso de anticonceptivos orales actúan como factores que pueden ayudar a reducir el riesgo.
Diagnóstico y Tratamiento: Claro y Directo
Aquí hay que ser muy honestas: no existe una prueba de detección temprana como el Papanicolaou (que es para el cuello uterino). El diagnóstico del cáncer de ovario es un rompecabezas que los profesionales arman combinando varias herramientas:
- Evaluación inicial: Historia clínica y exploración ginecológica bimanual.
- Laboratorio: Se busca el marcador tumoral CA-125 (ojo: no es definitivo, puede elevarse por otras causas como la menstruación o la endometriosis).
- Imagen: El ultrasonido transvaginal es la primera línea, seguido de tomografías o resonancias magnéticas.
- Confirmación: La única forma de estar 100% seguras es mediante una cirugía exploradora y biopsia.
El tratamiento estándar es un «combo»: cirugía para retirar el tumor más quimioterapia.
La importancia de llegar a tiempo
Cuentahabientes, la diferencia en la supervivencia es abismal según cuándo detectemos el problema. Miren estos números de supervivencia a 5 años:
- Etapa I: 85–95%.
- Etapa IV: Solo 10–20%.
Por eso, la vigilancia después del tratamiento es clave. Se recomiendan revisiones cada 3 o 4 meses los primeros dos años, y luego cada 6 meses hasta cumplir los cinco años de seguimiento.
Conclusión
En México todavía tenemos retos enormes: diagnósticos tardíos y falta de acceso igualitario a pruebas genéticas. Pero el primer paso para cambiar esto somos nosotras.
El cáncer de ovario no siempre avisa con un dolor insoportable, pero el cuerpo sí manda señales sutiles. Escucharlas, atenderlas y, sobre todo, hablar de esto con sus amigas, hermanas y mamás puede salvar vidas. Recuerden que en temas de salud, la información no solo es poder… es prevención.
Especialista: Dr José Antonio Posada. Cirujano Oncólogo por el Instituto Nacional de Cancerología. Experto en cáncer de ovario y cáncer de endometrio. Director General de Oncólogos Comprometidos (Grupo multidisciplinario de atención al cáncer) .Consultorio en ABC Santa Fe.



