LILU MARTÍNEZ
Hoy el debate sobre el transporte en Oaxaca ya no es solamente movilidad. Es poder, negocio, control político y contradicciones.
Porque mientras el gobierno estatal vende el BinniBus como la gran modernización del transporte público, en la práctica hay preguntas que siguen sin responderse.
Primero: ¿qué pasó con los concesionarios tradicionales?
Durante años se les exigió renovar unidades, sacar de circulación camiones viejos y entrar a una lógica de modernización. Pero muchos denunciaron que nunca hubo apoyos reales. Y cuando intentaron organizarse o resistirse, llegaron los decomisos, las multas, las unidades retenidas, rayadas y hasta quemadas en algunos conflictos.
Ahora el mensaje parece otro: llenar Oaxaca con el BinniBus.
Pero…
¿esto es modernización o monopolización del transporte?
Porque el gobierno insiste en que quiere ordenar el caos vial, retirar terminales del Centro Histórico y aplicar un modelo de rutas troncales similar al Metrobús de Ciudad de México. La idea, en el discurso, tiene lógica: que los camiones foráneos ya no saturen el centro y que exista una tarifa integrada para moverse en la ciudad.
El problema es que en Oaxaca muchas veces los proyectos no fallan por la idea… fallan por la ejecución, la improvisación y la falta de transparencia.
Y aquí aparece otro tema delicado…
¿quién realmente opera el BinniBus?
Porque aunque el sistema es promovido por el gobierno estatal, la operación fue entregada mediante licitación a una empresa privada:
Mototransportes y Servicios del Sureste S.A. de C.V..
El contrato asciende a más de 159 millones de pesos para operar apenas 14 rutas hasta diciembre de 2026.
Y lo más polémico…
la autoridad eligió la propuesta más cara de las dos participantes, sin explicar públicamente por qué.
La diferencia con la otra oferta era de menos del 0.5 por ciento. Pero aun así, el Comité de Adquisiciones decidió pagar más.
¿Por qué?
¿Cuál fue el criterio técnico?
¿Dónde está la explicación pública?
Porque si el gobierno habla de combate a la corrupción, transparencia y austeridad, entonces tendría que empezar por explicar por qué se eligió la oferta más alta.
Además, el esquema deja otro foco rojo:
el gobierno se deslinda de la relación laboral.
Es decir, los operadores y supervisores quedan bajo responsabilidad de la empresa privada. Y precisamente ahí comienzan las denuncias que ya circulan dentro del propio sistema.
En esta redacción han llegado versiones de operadores del BinniBus que aseguran que les prometieron aumentos salariales que no han llegado.
Entonces:
¿quién responde por esas condiciones laborales?
¿La empresa?
¿El gobierno?
¿O nadie?
Porque al final el usuario ve camiones del gobierno, colores del gobierno y propaganda del gobierno. Pero laboralmente el estado se lava las manos mediante un esquema prácticamente de outsourcing.
Y mientras eso ocurre, también se anuncia el retiro de terminales foráneas del Centro Histórico bajo el argumento de rescatar la ciudad y acabar con el caos vial.
Y sí, Oaxaca necesita orden.
Nadie puede negar que hay saturación en el centro, bases improvisadas, tráfico y unidades deterioradas.
Pero también hay una contradicción evidente.
Por un lado dicen querer cuidar el Centro Histórico y reducir saturación…
pero por otro lado autorizan conciertos, escenarios gigantes, cierres viales y estructuras metálicas que también colapsan la ciudad.
¿La prioridad realmente es el orden urbano o solamente controlar quién puede usar el espacio público?
Porque incluso ahora el gobernador plantea consultar si se retira la estación del antiguo Citybus, a la que llamó “monumento a la corrupción”.
Y quizá tenga razón.
Ese proyecto fue símbolo de abandono y millones desperdiciados.
Pero cuidado:
porque un proyecto no deja de ser opaco solamente por cambiarle el nombre.
El Citybus se convirtió en BinniBus.
Pero la ciudadanía sigue esperando algo básico:
transparencia, eficiencia y resultados reales.
Porque modernizar no es solamente pintar camiones nuevos.
Modernizar también significa explicar contratos, garantizar salarios dignos, evitar favoritismos y demostrar que el transporte sirve verdaderamente a la gente… y no solamente al discurso político.
Y hay otro punto que tampoco se puede ignorar en toda esta discusión: los taxis y el transporte foráneo.
Porque aquí ya no solamente hablamos de movilidad… hablamos también de sindicatos, de poder político y de estructuras que históricamente han tenido influencia en Oaxaca.
Hoy el gobierno habla de “reordenar” el transporte y retirar terminales del Centro Histórico. Según las cifras dadas a conocer, existen alrededor de 120 sitios en la Central de Abasto y 27 sitios más en el primer cuadro de la ciudad.
Y sí, cualquiera que camine Oaxaca sabe que el centro está saturado.
Pero el problema es que la ciudadanía tiene dudas legítimas.
Porque una cosa es sacar bases y otra muy distinta garantizar que el nuevo sistema realmente funcione.
La pregunta que mucha gente se hace es:
¿el BinniBus tendrá la capacidad suficiente para cubrir toda la demanda que hoy absorben taxis?
Porque el plan plantea que muchas personas ya no lleguen directamente al Centro Histórico, sino que hagan conexión en rutas troncales.
Y ahí aparece el miedo ciudadano:
tener que pagar doble pasaje.
Porque hoy una persona que viene de Etla, Tlacolula, Mitla o Zaachila puede llegar relativamente cerca del centro. Pero si ahora debe bajarse en una terminal periférica y después subir al BinniBus, el gasto diario cambia completamente.
Y aunque el gobernador asegura que se busca una tarifa integrada, todavía no queda claro cómo funcionará realmente.
Porque en Oaxaca muchas veces los proyectos arrancan primero en el discurso y después se intenta resolver la operación.
Además…
si los taxis van a recorrer menos distancia…
¿también van a cobrar menos?
Porque ese es otro de los grandes problemas que nunca se ha querido enfrentar seriamente:
las tarifas impuestas.
En Oaxaca muchísima gente siente que el transporte público y los taxis cobran lo que quieren dependiendo de la hora, la zona o la necesidad del usuario.
Y ahí es donde también entra el tema político.
Porque muchos de esos sindicatos y organizaciones transportistas han sido aliados históricos del poder en turno. Algunos respaldaron movilizaciones, campañas o estructuras políticas del actual gobierno. Por eso hoy hay quienes dudan que realmente vaya a existir un reordenamiento parejo.
Porque ordenar el transporte no solamente implica mover rutas.
Implica aplicar reglas iguales para todos.
Y eso incluye:
regular tarifas,
evitar abusos,
frenar monopolios,
y garantizar que el ciudadano no termine pagando los costos de una mala planeación.
Porque si el resultado final será que la gente camine más, haga más tiempo y además pague dos transportes…
entonces no será modernización.
Será trasladarle el problema al usuario.
Y Oaxaca ya está cansada de proyectos que se anuncian como históricos, pero que terminan funcionando a medias.
Por eso el verdadero reto del BinniBus no será solamente poner unidades nuevas en circulación.
El verdadero reto será demostrar que existe capacidad operativa, transparencia, cobertura suficiente y orden real.
Porque si no logran eso, el riesgo es que el caos vial siga igual… pero ahora con otro nombre y otros colores.



