Caos, violencia, mala organización y posible sobrecupo en el Estadio Olímpico Universitario en la Final Pumas vs Cruz Azul

La experiencia de asistir al Estadio Olímpico Universitario para presenciar la Final entre Pumas y Cruz Azul estuvo lejos de resultar agradable.

Pese a la enorme expectativa que se generó debido a que CU albergaría de nuevo una Final de Vuelta luego de 15 años, la logística fue deficiente, empezando porque las puertas del inmueble se abrieron tan sólo tres horas antes del arranque del partido.

A las 16:00 horas ya había largas filas y aglomeraciones en los distintos accesos, por lo que los responsables de la revisión de los boletos se vieron rebasados y retrasaron la apertura de las rejas porque se temía por portazos, dado que los empujones y desesperación de los aficionados ya eran evidentes. 

Hubo intentos de brincar las bardas para ingresar, lo que provocó que se cerraran algunas puertas; pseudoaficionados con boletos o acreditaciones de prensa falsos y un caos generalizado para ingresar a la final.

Dentro del estadio los pasillos estaban repletos a dos horas de que se diera el silbatazo inicial y así permanecieron los más de 90 minutos que duró la final. Empujones, conatos de bronca y quejas de los vendedores de cerveza que no podían moverse para repartir su producto, fueron la tendencia. 

Una gran cantidad de espectadores tuvo que ver el partido de pie y soportar aplastones, codazos y manoseos ante la mirada contemplativa de los elementos de seguridad que en ningún momento hicieron el intento de liberar algunos pasillos.

Tras concretarse la coronación de Cruz Azul la salida fue otra pesadilla debido a que muchos seguidores de los Pumas ya estaban alcoholizados, por lo que o se pelearon entre ellos o buscaron a los valientes que llevaron sus playeras de Cruz Azul para agredirlos.

Hubo ensangrentados, agresiones en grupo y distintos enfrentamientos tanto dentro como fuera del inmueble. Todo era esperado y el operativo además de deficiente no contó con los efectivos requeridos para un partido que tuvo una demanda histórica de boletos.

El Estadio Olímpico se vio rebasado por una nueva final de vuelta que esta vez no tuvo un final feliz y menos una organización medianamente decente.