A ver, levante la mano la que no ha sentido que hablar con ciertas personas —ya sea la pareja, la mamá o el jefe— es como caminar por un campo minado. Todas hemos estado ahí: preparas tu discurso, ensayas tus palabras, y a los dos minutos ya estás gritando, llorando o aplicando la ley del hielo.
¿Cómo tener una comunicación afectiva en relaciones complicadas?
Hoy les traemos una joya de información de la mano de la espectacular Alejandra Llamas. Porque, ¡ojo!, saber hablar no es lo mismo que saber comunicarse. Para tener una comunicación que realmente funcione en esas relaciones que nos sacan canas verdes, hay que entender que el problema no es el diccionario, sino lo que traemos cargando en el cuerpo y en la mente.
Saberlo «de cabeza» no sirve de nada
Seguro les ha pasado: leen mil libros de superación personal, escuchan podcasts y ya se saben todas las reglas de la asertividad. Pero a la hora de la verdad, el conocimiento técnico se les olvida.
Alejandra Llamas nos dice algo brutal: entender algo intelectualmente no nos hace asertivos. La verdadera madurez nace de integrar lo que piensas con lo que siente tu cuerpo y tus emociones en el ahora. Si repites frases como robot pero por dentro estás hirviendo de coraje, lo que dices no tiene coherencia interna y se siente como una defensa mecánica o una evasiva. La asertividad es conciencia aplicada, no solo memoria.
El fantasma de tus ex (y de tu infancia) en la mesa
Cuentahabientes, ¿alguna vez han reaccionado con una intensidad que, siendo honestas, no venía al caso? Eso es porque nuestra comunicación proyecta muchísimo dolor del pasado.
Nuestro sistema nervioso es como un radar que detecta patrones antiguos de rechazo o amenaza. Cuando peleas con tu pareja hoy, a veces no estás peleando con él, sino con esa herida de hace diez años que se acaba de activar. Para que la comunicación sea efectiva, tenemos que:
- Observar la emoción sin dejar que sea la que maneje el diálogo.
- Reconocer que el ego —esos miedos y viejos guiones— es el que suele hablar por nosotras, no nuestra consciencia.
- Nombrar lo que sientes sin identificarte con ese dolor que traes desde antes.
Si estás en «modo alarma», mejor ni hables
Esto es básico, mis cuentahabientes: tu comunicación nunca será efectiva si tu sistema nervioso está en modo sobrevivencia. Si te sientes amenazada, tu tono será reactivo, justificatorio o directo, aunque las palabras que uses sean las «correctas». No importa el «qué», sino el «cómo» y desde qué lugar interno estás hablando. El antídoto es el estado de presencia. Antes de soltar el veneno, intenten esto:
- Respiren profundo para bajar la reactividad emocional.
- Observen qué sienten en el cuerpo antes de emitir un juicio.
- Nombren la emoción para desengancharse de ella.
Los ingredientes de una charla que sí construye
Para que dejen de ver el conflicto como un campo de batalla y lo vean como un puente, la comunicación debe incluir cuatro pilares:
- Conciencia del presente: Hablar desde lo que sientes hoy, no desde el miedo a lo que te pueda pasar mañana.
- Honestidad emocional: Aceptar tus emociones sin sentirte la víctima ni la dueña de la moral. Todas las emociones se valen, pero no todas deben ser dictadas por el ego.
- Curiosidad vs. Juicio: En lugar de decir «tú estás mal», prueben con la curiosidad: «¿qué te pasó en este momento?». La curiosidad quita la rigidez.
- Amabilidad radical: Se pueden decir cosas muy duras, pero con suavidad, cuando la intención es crecer y no castigar al otro.
Peticiones, promesas y límites: El arte de la claridad
Las relaciones cambian cuando tú cambias la relación contigo misma, con tus necesidades y con tu palabra. La claridad viene de saber quién eres hoy, no de repetir guiones de lo que «deberías» hacer. Tomen nota, porque esto les va a cambiar la dinámica:
- Pidan sin exigencia: Nadie nos debe nada, pedir desde la apertura cambia la respuesta del otro.
- Prometan desde el centro: No digan que sí por presión social o por deber; solo prometan lo que pueden cumplir emocionalmente.
- Límites con amor: Pongan límites para cuidar su integridad, no por miedo a que las rechacen o por querer ganar una pelea.
Una comunicación que honra tu verdad y la del otro, sin manipular, sin proyectar y sin escapar de lo difícil, es la que transforma cualquier conflicto.
¿Ven qué diferencia? Comunicarse bien no es «ganar» la discusión, es encontrarse con el otro. Cuéntenme, cuentahabientes, ¿cuál de estos puntos es el que más les cuesta trabajo aplicar? ¡Las leo!
Especialista: Alejandra Llamas. Autora best-seller, maestra y conferencista. Creadora del Proceso de Coaching MMK. Ha escrito 9 libros publicados por Penguin Random House en USA, Latinoamérica y España. Conductora de los podcasts: “Calíbrate”, “Palabras al Aire”, “Mata tú Gurú” “Tú eres tú Gurú” entre otros. Es maestra de yoga y meditación y Certificada cómo Master coach en el ICF.



